Croquembuch
Por Toia Cestau @toiacestau
Hay obras que piden permiso. Otras, como Croquembuch, irrumpen. La ópera prima de Nina Dell’ Oca no se acomoda en los márgenes del “buen gusto”: los tensiona, los deforma y, en ese gesto, encuentra una poética propia donde lo desbordado no es exceso gratuito sino una forma de conocimiento sensible.
Desde su concepción, la obra se sitúa en un territorio incómodo: aquel donde el amor romántico se vuelve materia inestable, atravesada por el delirio, la contradicción y una violencia latente. La figura inspiradora —una tía abuela real, tan encantadora como despiadada— se despliega en escena a través de un desdoblamiento: Perla y Amanda, dos criaturas escénicas que, lejos de oponerse, funcionan como superficies de una misma subjetividad expandida. Este procedimiento dramatúrgico, que podría pensarse en clave de fragmentación identitaria, encuentra en la escena una resolución profundamente corporal.
Dell’ Oca construye así un dispositivo que dialoga con ciertas tradiciones del teatro argentino: las actuaciones se inscriben en una genealogía antinaturalista donde lo expresivo prima sobre lo verosímil. En este sentido, las interpretaciones de Cecilia Colombo, Vanesa Díaz y Florencia Conti recuperan aquello que Osvaldo Pelletieri conceptualiza como la figura del actor popular, retomado luego por Karina Mauro: cuerpos que no buscan “representar” la realidad sino intensificarla. Hay momentos de comicidad, sí, pero también zonas donde lo trágico asoma con crudeza; la risa aparece entonces como un mecanismo de fuga ante lo monstruoso, o como una forma de empatía frente a lo irreductiblemente humano.
La dirección apuesta a una fisicalidad extrema: gestos amplificados, rostros que se deforman, voces que desbordan el límite de lo esperable. No se trata de una exageración ornamental, sino de una estrategia precisa que vuelve visible aquello que, en la vida cotidiana, suele quedar reprimido. En palabras de la propia directora, el proceso creativo fue “no lineal”, impulsado más por la urgencia de hacer que por una planificación cerrada. Esta dimensión resulta clave: Croquembuch es, ante todo, un gesto de irrupción en el campo teatral, una primera obra que asume el riesgo de construir su propio lenguaje.
En términos técnicos, la propuesta escénica refuerza esta poética del exceso. El vestuario —diseñado por Erica Rabinovich— no opera como mero complemento visual, sino como una extensión dramatúrgica de los personajes. Cada textura, cada color y cada volumen parecen narrar tanto como las palabras. La materialidad artesanal de la escenografía y la utilería, realizadas íntegramente a mano, aporta una dimensión táctil que se percibe incluso a distancia: hay una ética del hacer que se inscribe en cada objeto.
La iluminación de Alejandro Velázquez, por su parte, acompaña y potencia esta construcción estética: los colores no sólo ambientan, sino que participan activamente en la composición de estados emocionales. El resultado es una escena visualmente intensa, donde lo cromático y lo lumínico dialogan con la desmesura de los cuerpos.
El texto dramatúrgico se organiza en una serie de monólogos que, como señala Dell’ Oca, pueden funcionar tanto en conjunto como de manera autónoma. Esta estructura fragmentaria permite un ritmo particular, cercano a lo coreográfico, donde palabra y cuerpo se entrelazan. A su vez, la obra construye un tiempo ambiguo: remite a otras épocas, pero permanece anclada en un imaginario profundamente argentino, donde conviven referencias culturales diversas —desde ecos almodovarianos hasta guiños a una sensibilidad popular que resuena en lo contemporáneo.
Un aspecto especialmente significativo es la conformación del elenco: mujeres de distintas edades que comparten escena en un diálogo intergeneracional potente. Lejos de ser un dato menor, esta decisión refuerza la dimensión comunitaria del teatro en clave feminista, evidenciando que la escena es también un espacio de transmisión, de encuentro y de construcción colectiva.
En suma, Croquembuch no sólo destaca por su propuesta estética y actoral, sino también por lo que implica en términos de trayectoria: es el “primer todo” de su creadora, quien asume simultáneamente la dramaturgia, la dirección y la producción. En un contexto donde las primeras obras suelen buscar legitimación en formas más seguras, Dell’ Oca elige el riesgo. Y en ese riesgo aparece algo feroz, sí, pero también profundamente vital: una voz que empieza a delinearse con potencia propia dentro del teatro contemporáneo.
Funciones: 28/2, 7/3 y 14/3 – 22:30 hs
Teatro: Timbre 4 (Boedo 640, CABA)
Este espectáculo formó parte del programa “Teatro en Movimiento” organizado por el CPTI. (2025)
Fue seleccionado para participar en FAN ( Festival Artístico Noroeste). (2025)
Fue seleccionado como suplente en el Festival de Primavera organizado por APDEA. (2025)
Nina Dell'Oca fue nominada como "revelación" por la dramaturgía y dirección de Croquembuch en los "Premios al Teatro Independiente". (2025)
🎬 Trailer: https://youtu.be/Eo4J96z17K8?si=mI9szM34Br1ToAZ7
📲 Instagram: https://www.instagram.com/croquembuch_obra/