Amarte es un trabajo sucio

Amarte es un trabajo sucio

Por Andi Giorda

Las imposiciones y una búsqueda que pierde su camino cuando se adentra en la misma lógica que dicta el tiempo presente cada vez menor y el del consumo, cada vez mayor.

¿Qué es lo real? ¿Qué está fuera del algoritmo?

Una obra contemporánea donde el esclavismo de nuestros días se refleja en la dramaturgia de Iñigo Guardamino. Su relato nace en España y de allí viajó a la Argentina. El tema, más que hispano es global. Funciona. Y es necesario. Me recordó mucho a la película argentina Buena vida Delivery de 2004 coescrita y dirigida por Leonardo Di Cesare donde casualmente un jóven queda solo al irse su familia a vivir a España en plena crisis de 2001. No es casual que lo contemporáneo recree un contexto económico de crisis y desazón. Una vez más. 
La vida de las personas que trabajan en estos servicios de entrega de pedidos rápidos e instantáneos es la sombra de un paisaje citadino que los ve pasar como una otredad sin alma.  Pareciera que es ese el camino que recorre David (Felipe Martínez Villamil), el protagonista de la obra. Se recibe de abogado e intenta seguir la huella más la trama negada en su historia familiar lo lleva a pedalear. Lo que no conoce de su historia se traduce en una mala entrevista laboral (Claudia Seghezzo) que lo conduce a la única salida posible: la mensajería. ¿Hacia él?
La bicicleta es el proceso terapéutico donde toca fondo.
Una madre (Ro Kreimer) que descubre que puede sentir placer, ante un hijo confundido por los mandatos del amor instagrameable junto a Marta (Brenda Raso), relación que representa el amor en los tiempos de las pantallas.
Un padre ausente (Héctor Díaz), que puede permitirse estarlo, pues patriarcado. Y la religión, que llega como ese amigo (Roberto Acosta) con espejitos de colores. Pidiéndo que le hagas el favor de trabajar pues él, sólo trabaja para su Señor.
Un interesante hallazgo en la narrativa, es la construcción de un personaje novedoso pero conocido. Eso que no vemos pero nos atraviesa. Lo que direcciona la atractiva realidad virtual. Un avatar de carne y hueso (Gregory Preck) que en escena, recrea la voz que ordena. El titiritero de nuestros días. 
El trabajo sucio que alguien tiene que hacer es el eslogan de quien oprime a quienes hacemos lo que podemos con lo que hicieron de nosotrxs.

La obra se presentará en estas salas y fechas próximamente:

Domingo 6/10  20 hs Centro Cultural Enrique Uzal - Petracchi 646, San Miguel del Monte
Sábado  26/10 20:30 Sala Roberto Durán -  Domingo Faustino Sarmiento 3044, Castelar

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