Malparida

Malparida

“Malparida” de Laura Verazzi, dirigida por Carolina Perrotta
@malparida.teatro
Belisario Club de Cultura 
Reseña: Ana Sanchez @soyanitasanchez


Dos amigas. Dos nacimientos. Y un trabajo de parto que las une y sana. En Malparida se representa la historia de una amistad que hermana y completa el ciclo de la vida frente a un parto que fue violento y uno que buscará ser mejor. La obra, que fue estrenada el pasado 3 de julio en Belisario Club de la calle Corrientes en CABA y que, anteriormente, había estado en cartelera en Barcelona- España, constituye una acción política de la memoria al narrar la experiencia de parir como un evento social e histórico, formativo de la maternidad y de los vínculos primarios. Quizás, como muchas veces se dice, si hubiera mejores partos, habría mejores condiciones para la vida.

Blanca es la mejor amiga de Isa, pero no se ven desde hace meses, más precisamente desde que Isa se convirtió en mamá. Su pequeño, Gaby, ahora tiene varios meses, pero desde que él nació ya no pudo ser amiga, ni pareja, ni siquiera madre. No pudo conectar con su hijo, tampoco con sus emociones: su parto fue un evento traumático atravesado por situaciones de violencia ginecobstétrica, pero ella todavía no lo sabe. Tampoco su pareja, Amador, quién se siente solo cuidando del niño y trata todo el tiempo de convencer a Isa de que puede - y tiene- que ser una mejor mamá. 

Cuando Blanca llega a visitarla embarazada de casi siete meses, todo se resignifica. “Lo que más miedo me da es el parto”, le dice a su amiga Isa, a quien vuelve loca con preguntas y de quien espera palabras tranquilizadoras por haber pasado ya por la experiencia de parir. No solo esto no sucede, sino que va a ser Blanca quien tome de la mano a su amiga y la ayude a recordar cómo fue su parto y a repensar su relación con su hijo y su pareja.

Esta obra habla de partos. A lo largo de las múltiples escenas que se suceden con velocidad cinematográfica, pero que impactan con la intensidad corporal del teatro, se habla de parir. De cómo paríamos, de cómo nos dijeron que teníamos que parir, de cómo parimos. Del miedo a parir, de cómo se construyen y condicionan estas emociones a lo largo de la historia. Como dice Adrianne Rich en “Nacemos de mujer“ (1976), los partos se han educado socialmente para que de ellos esperemos sufrimiento y además están recubiertos de un misterio que provoca miedo. 

Escena tras escena las amigas se reencuentran acompañándose en la preparación del parto de Blanca, experiencia que va nutriendo el propio proceso de Isa. De a poco, va pudiendo recordar cómo fue su parto y todas las intervenciones que sufrió; esto, explica las dificultades que viene sintiendo en su experiencia con la maternidad. La búsqueda de Blanca va más allá del horizonte de posibilidades de Isa. Blanca consulta a una partera, se informa sobre el proceso fisiológico, conoce sus derechos y decide organizar un parto en su casa. Su embarazo es fruto de una inseminación artificial con un donante de esperma y piensa en su amiga Isa como la mejor compañera para que esté el día del parto con ella, en su casa. Pero Isa no quiere, siente que no va a poder. Tiene prejuicios, “eso de parir en casa es una hippeada, hippie cheta, hippie chic, hippie con Osde”. Pero al mismo tiempo, su propia historia se lo impide: "mi vínculo con Gaby está malparido", dice.

A medida que Blanca va organizando su preparación para el parto y convenciendo a su amiga de que la acompañe a parir sin intervención, se suceden escenas que representan eventos históricos. En ellas se busca hacer explícito por qué parir se convirtió en una cuestión política y cómo fueron violentadas las mujeres a lo largo de la historia. Desde el precepto bíblico que reza el famoso “parirás con dolor”, al positivismo científico que buscó institucionalizar los partos y convertir en un negocio lo más humano que tenemos que es nacer, esta obra recorre varios “hitos” que han determinado la forma en la que es esperable parir hoy. No falta una alusión al futuro - que por momento parece que ya llegó - cuando se construye una escena donde un funcionario público consigue desarrollar un algoritmo que permite al Estado predecir qué persona quedará embarazada en qué momento de su vida y, de esa manera, poder tener un control científico de la reproducción social y de los cuerpos de las mujeres. 

La obra cierra con una escena final que conmueve. Los tres actores que además de ser Isa, Blanca y Amador también son la iglesia, el médico, el obstetra, el político, el funcionario- y la lista sigue- logran con una escenografía austera y una gran iluminación, construir una escena de parto con mucho realismo e impacto emocional. “No quiero que tengas un parto violento como tuve yo, vos podés”, le dice Isa a su amiga. Y en un aplauso profundo, los espectadores cierran el evento, algunos emocionados, otros interpelados y muchos llorando.

Para la reflexión nos quedan algunas palabras de Adrianne Rich quien en “Nacemos de mujer” (1976) explica que parir podría no ser un evento riesgoso y al que recibimos con miedo, sino que “este momento es solo un hito en el proceso si en lugar de concebirlo según las ideas patriarcales acerca del parto, o sea como un modo de reproducción, lo entendemos como un aspecto de la experiencia total femenina”.

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