Bala Perdida: coronadas de gloria
Bala Perdida: coronadas de gloria
Por Javiera Miranda Riquelme
En una escuela pública del barrio de Constitución, Ciudad de Buenos Aires, una directora, una portera y una preceptora tratan de sacar adelante un acto escolar en homenaje a José de San Martín. Pero la inestable década de los noventa, época en la que está ambientada la obra, promete destruir cualquier pretensión de armonía y éxito al que ellas puedan aspirar. De esto trata la comedia satírica Bala Perdida, ópera prima de la compañía teatral de mujeres Arde.
En Bala Perdida todo está en su preciso pero absurdo lugar. La historia ocurre en la oficina de Susana, directora del colegio y tataranieta de una de las primeras maestras traídas a la República Argentina por el entonces presidente Domingo Faustino Sarmiento. Susana tiene esa peculiar pretensión de diva de la década menemista, pero, como es natural, posee menos prestancia de la que ella desearía tener; entre otras cosas, debido a que la infraestructura de su establecimiento está infectada de ratas y humedad y se cae a pedazos. “¡Yo soy la institución!”, dice Susana, lo que equivale a decir que es una funcionaria en franca decadencia. Susana es interpretada por una impecable e histriónica actuación de Virginia Flammini, que logra convalidar sobre el escenario las pulsiones siúticas de Susana y la viveza con la ha aprendido a moverse entre un estudiantado cada vez más picante.
El conflicto que moviliza la obra es sencillo pero fatal: la escuela recibirá la visita de un inspector y el secretario de presupuesto educativo durante la ceremonia escolar, pero una pieza fundamental del acto falla a último momento. Alrededor del escritorio de la dirección (y sobre él), se reunirán Perla, la portera de la escuela, y Teresa, la preceptora, quienes junto a Susana deberán improvisar una hilarante solución para sacar adelante el acto. Con la arquetípica picardía con que suele caracterizarse al segmento no docente de escuelas públicas, Perla colabora rápida y ejecutivamente ante los múltiples imprevistos que surgen desde los pasillos de la escuela, a la vez que sostiene emocionalmente a Susana. La portera es interpretada por Carolina Huerta, quien construye un personaje canchera y maradoneana. El ping pong permanente entre Susana y Perla es ocurrente y gracioso.
Desde un perímetro aparente más retraído, Teresa, cuyo historial laboral es incierto e inquietante, se ocupa obsesivamente con un aspecto de la decoración del acto que no tardará en evocar recuerdos escolares entre los espectadores. Teresa acumula un estrés laboral evidente, aunque esto no la limita para sorprender positivamente –y sobre todo creativamente– a sus compañeras. La preceptora es interpretada por Evelyn Mosmann de manera prolija y vivaz.
La guinda de la torta es la aparición de Mariana Terrafino, quien interpreta a Berenice, una estudiante adolescente embarazada que tiene la orden de Susana de no asomarse por el acto para que no peligre la imagen de escuela que la directora quiere dar a las visitas. Pero Berenice, a escondidas y a solas, no dejará de ser menos peligrosa.
La directora escénica de la obra, Fernanda Gimenez, construye junto a su elenco un todo orgánico sobre las relaciones, costumbres e idiosincrasias propias de la escuela pública y los registros discursivos que la habitan. Bala Perdida es un ejemplo del talento y profesionalismo del teatro independiente argentino.
La obra surge de la improvisación de una escena (“Las Maestras”) entre Evelyn Mosmann, Virginia Flammini y Carolina Huerta durante su paso por el Sportivo Teatral en el año 2017 bajo la coordinación de Mariano Saba. Al año siguiente, convocan a Fernanda Giménez para dirigir esta escena –que se convertiría más adelante en el primer acto de Bala Perdida– y comienzan a presentarse en bares y centros culturales. Aunque la pandemia supone un impasse, Virginia y Carolina se incorporan en el 2022 al taller de dramaturgia de Mariano Saba y terminan por darle forma al texto actual. Durante el 2023 se suma Mariana Terrafino y ensayan durante todo un año. El deseo de sacar la obra adelante, así como la sinergia y la amistad que las envuelve, las lleva a tomar la decisión de formalizar Arde, que ya venía siendo una compañía de hecho.
Bala Perdida nos habla de esas trabajadoras de la educación pública que, en un acto de fe, dan un paso a oscuras sin tener nunca la certeza de adonde irán a parar. La obra estará en escena todos los viernes de marzo y abril en el Centro Cultural Morán (Pedro Morán 2147, barrio Agronomía, CABA).