Montaje "Las nadadoras"

Montaje "Las nadadoras"

Cada género artístico tiene la capacidad de exacerbar distintas formas de representar la realidad. Si bien es una generalización, ya que cada pieza puede utilizar diferentes recursos dentro de un mismo género, algunos son más simples de reflejar en algún género en particular. Repasemos.

 

 

El teatro suele utilizar la emocionalidad de la corporalidad simple y la voz para comunicar, la proyección de la voz debe llegar hasta la última butaca, los movimientos deben ser notorios sin sobreactuación desde el primer hasta el último espectador.

Dentro del mismo tipo de registro (en el que no hay repeticiones, el momento escénico es único y cada día -o noche- es diferente) se encuentra la danza. Si bien en el posmodernismo sus características fueron modificadas integrando texto, objetos y quietud, la danza, casi siempre, se basó en el movimiento corporal para comunicar, y en muchas ocasiones a través de la destreza y el virtuosismo de los bailarines.

 

 

Continuamos con la música que me gusta caracterizar como un género mix entre el teatro y la danza (en su versión vivo) gracias a la unicidad del tiempo espacio, la interpretación instrumental (rememorando la voz del teatro) y la presencia física (rememorando la danza). Distinto es cuando la música es grabada, eso se parece más al cine, especialmente al poder disfrutar de ambos géneros en cualquier espacio gracias a Netflix, Amazon Prime, Youtube Music y Spotify (por nombrar los más conocidos).

 

 

Llegando al final de la lista, pero el origen de la nota, las características más comunes del cine se relacionan con la espectacularidad, las posibilidades escénicas y de edición. Además de capacitar a los creadores a repetir y seleccionar las tomas deseadas, éstas se integran entre sí con otras tomas proporcionando al resultado final un contexto complejo e integral de la situación.

La inspiración de esta nota es “Las nadadoras”, un film estrenado el 11 de noviembre de 2022. Bajo la dirección de Sally El Hosaini cuenta la historia de Yusra Mardini, nadadora que atraviesa mares, problemas y guerras para llegar a las Olimpíadas.

Si bien la previsualización de la plataforma nos emociona con escenas de un brillante sol, una pileta de ensueño y la personalidad del personaje principal audaz, las dos horas de película representan la historia real de muchos de los refugiados en países europeos por guerras en su patria.

 

 

Gracias a las impactantes tomas del gomón en el medio del revoltoso mar Mediterráneo y los miles de chalecos salvavidas en la costa de llegada podríamos apenas vislumbrar (y emocionarnos) por las realidad que viven los refugiados que esperan sobrevivir el recorrido para lograr dejar de sobrevivir la guerra.

El cine nos propone una vista más compleja, un recorrido emocional (armado y probablemente más esperanzador) de una situación que los que no la vivimos, no entendemos (ni jamás podremos asimilar).

Mientras que los tiempos fílmicos condensan espacios temporales más extensos en la vida de una persona, también se enfocan en los picos sensibles. Así vemos cómo Yusra Mardini nadó acompañando el gomón próximo a hundirse a la costa de Grecia, una condensación de horas de esfuerzo y lucha por sobrevivir.

 

 

Muchas veces las películas cierran su relato en momentos felices de triunfo (al igual que la historia real de la inspiración de este evento) mientras que me pregunto cuál es la historia de los demás refugiados que no llegaron tan lejos como Yusra Mardini.

El cine nos encuentra en la comodidad de nuestras casas con un nudo en la garganta por un relato (a veces ficcionado, otras totalmente inventado) que, gracias al montaje, nos lleva por los mares, las guerras y los miedos que tenemos la suerte de no vivir (y la idea contraria de las Olimpíadas).

Por Flor Carrasco.
 

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