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Unión de los cuerpos

LOS CUERPOS

Dos cuerpos, que no pueden ser otros, interpretan la obra que refleja un vínculo. El descubrimiento del otro y su relación encuentra al público intrigado y expectante.

Ramiro Cortez y Federido Fontán son dos intérpretes que provienen de una formación artística común: el Taller de Danza Contemporánea del Teatro Gral. San Martín. El nombre del taller les calza perfecto, ni chico ni grande, lo llevan con soltura, lo llevan en sus cuerpos. Cabe destacar que la obra sería muy diferente si ese taller no hubiera formado un vínculo entre los bailarines, un vínculo que se ve en escena, que no se sabe cual es, pero se sabe que está. En “El Portón de Sánchez” se presentan dos hombres unidos por muchos más puntos que un taller, un torso desnudo un jean negro y el uso ocasional de una máscara.

Desde la desconcertante entrada al escenario hasta la última escena los bailarines asombran al público con la puesta en práctica de una de las primeras enseñanzas de una clase de danza contemporánea: el pasaje de pesos. Federico y Ramiro, Ramiro y Federico danzan lo aprehendido a lo largo de su formación en los 60 minutos que dura la obra. Llevan la danza hacia un producto mucho más completo que un “simple pasaje de pesos”.

En el escenario los bailarines hacen propio un elemento que los aliena. Queda a criterio del espectador si ese objeto (el único utilizado) sobra o complementa. Las repeticiones son bien llevadas, a diferencia de las escenas separadas por fundiciones lumínicas a negro excesivas en su cantidad.

El fluir por el espacio es envidiable, el ir y venir de sus cuerpos es decidido y sin tropiezos, las calidades de movimiento son precisas. La perspectiva que el espacio permite, por ser más largo que ancho, es aprovechado al máximo en esta pieza artística. El juego de luces a cargo de Laura Fraga enfatiza la perspectiva mientras que la música acompaña a los bailarines por momentos y no se la extraña cuando se ausenta.

Las reminiscencias de “El Club de la Pelea” (Fincher 1999) son innegables, a diferencia de que en esta obra las caídas, los tironeos y los empujones representan una lucha por un encuentro distinto al de la película. “Los Cuerpos” utiliza ese recurso para remitir a lo instintivo, intuitivo y animal que hay en los Hombres y, al mismo tiempo, ponerlo en duda.

Ambos bailarines tienen cuerpos distintos, uno es más laxo que otro, más alto que otro, ambos recorren tonicidades musculares distintas en una misma marca coreográfica. Nada de esto sirve para separarlos de la complicidad expuesta en la obra. El erotismo está presente de una forma extraña sin llegar al bochorno ni al ridículo. La obra sigue poniendo en jaque al espectador en cada preconcepto adoptado, y de eso se trata el espectáculo. Todo evento artístico está inmerso en un contexto social y uno personal vinculado con cada uno de los espectadores. Los intérpretes proponen cuerpos distintos dentro de una temática cliché. Los rostros complementan el movimiento de los cuerpos, expresan gestos claros y honestos. Vale la pena tenerlos en cuenta para conjugarlos con el resto de los gestos corporales.

El final podría ser perfecto con un arreglo musical, ya que simboliza toda la obra en un acto, acompañado de luces, pero con un sonido que lo suaviza sin necesidad.

Dirección e interpretación: Ramiro Cortez y Federico Fontán. Tutoría artística: Ciro Zarzoli.

24.03.2016 Por Flor Carrasco

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