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Una precisa ficción

FRANZ Y ALBERT

Una ficción posible, precisa y entretenida es llevada al escenario por Daniel Marcove. Otra época, dos mentes brillantes, dos personalidades opuestas en un mismo espacio.

Las circunstancias del encuentro entre Franz Kafka y Albert Einstein son precisas: un balcón en una de las acostumbradas reuniones de la Sra. Berta Fanta en 1911 en Praga. La ficción de la obra (y su contenido) es la interacción que Franz y Albert pudieron haber tenido.

Ambos y únicos personajes de la obra interpretan personajes complementarios (alter egos del otro): Franz es tímido, paranoide, temeroso y deprimido en cambio Albert es juguetón, desestructurado (tanto en comparación con Franz como además de lo que podría esperarse de un físico) y entusiasta.

En la primer parte del espectáculo los intérpretes presentan las características emocionales de sus representados, en ese momento ambos cuentan sus experiencias laborales, sus percepciones del mundo. Primeramente Albert explica su perspectiva de la vida por medio de la ilustración de su teoría de la relatividad. En una segunda instancia Franz comenta sobre sus miserias (su trabajo, su relación con su padre y los personajes de Praga) y su sueño de metamorfosis.

Luego, continuando este primer momento, es representado un intercambio dinámico entre ambas posturas frente a la vida. Una interesante propuesta para hacer llegar al espectador miradas diferentes de una misma Praga, una misma época. El espectador podrá reconocerse en los personajes, con nombres célebres e historias de la vida cotidiana y así reflexionar sobre sus opiniones y posturas del mundo, quién representa sus ideas y qué ideas quiere aprender a asumir.

El quiebre a la segunda parte de la obra es suavemente notorio, tras una hora de obra y una más por delante Kafka y Einstein se alejan de esas percepciones generales de la vida (tan aprovechables e interesantes para el público codicioso de introspección) para pasar a comentar detalles y banalidades de su vida cotidiana. A pesar de no representarse pensamientos elevados sobre la vida, comienza a observarse una simbiosis entre ambos personajes, algo de Einstein en Kafka y viceversa.

Las interpretaciones dentro del carácter de cada uno son payasescas en algunos momentos desestructurando las diferencias entre los personajes y la tensión de sus extremas personalidades. Cada personaje está finamente delimitado para unirse en momentos clawnescos que culminan de manera exponencial en la escena final de la obra. El público (adulto en conocimiento) sabe interpretar la comicidad y la seriedad de la obra.

La iluminación y la música juegan un papel importante en la obra. La música une a los interpretados en la escena final y la iluminación completa la bella escena en la que ambas personalidades se mimetizan mirando al cielo en la escena maestra de la obra por su composición y las actuaciones de Sorrentino y Marcove. La escenografía pulcra y cuidada merece otro aplauso pos su simpleza y completud.

El espectáculo compone un contexto histórico, filosófico y cultural admirable en su exactitud y la intervención de cada personaje en este. Para el espectador que conoce ambas personalidades históricas es una característica rica de conexión entre la obra y los hechos históricos, la ficción y la realidad, el momento fidedigno de la obra y su futuro real.

Dirección y puesta en escena: Daniel Marcove. De Mario Diment. Elenco: Miguel Sorrentino y Julián Marcove.

19.05.2016 Por Flor Carrasco

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