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Más que variaciones clásicas

El Buenos Aires Ballet, dirigido por Federico Fernández, primer bailarín del Teatro Colón, se presentó el viernes 17 de Marzo en el ND Ateneo Teatro, y no solo dio una presentación de íconos coreográficos del ballet, sino que además presentó un gran despliegue artístico proyectado por cada uno de sus bailarines.

El BAB (Buenos Aires Ballet) presentó la segunda función del año de ballet en el ND Ateneo Teatro en la cual lucieron los pas de deux de: tercer acto de La bella durmiente, segundo acto de La Sylphide, Alto de Caballería, segundo acto de El lago de los cisnes, el Festival de las flores en Genzano; el pas de trois de El corsario, Harlequinade y el pas de deux de Don Quijote.

Apasionado del ballet puedo decir que cada uno de sus bailarines expresó algo particular, no solo a cada espectador sino a la danza en sí misma. Valiéndome de más para dejar de lado el aspecto técnico cada uno de ellos tenía su temple, su disposición y su atención corporal, energía y proyección hacia el público.

Tal vez se pueda opinar “Eso es lo que un bailarín debe hacer”; sin embargo, todos desplegaban notoriamente una intención de darnos algo distintivo de ellos en cada acto, algo único e irrepetible, pues nada en este mundo puede volver a ser lo mismo -aunque la función se repita el 21 de abril-. Será el mismo repertorio de presentación (o con algunas variaciones diferentes), pero no será el mismo espectáculo en absoluto.

Desde mi perspectiva, pudieron verse los nervios, la adrenalina, la emoción, el juicio interno, la búsqueda de conexión, la empatía por el otro que estaba desplegándose en el ND para dar su mejor versión e interpretación de cada pieza. Puedo decir, casi románticamente, que se veía al ser humano detrás del bailarín escénico, y al bailarín escénico detrás del ser humano. Esta característica le dio un punto de atracción más interesante que el espectáculo de ballet en sí mismo puede dar.

Además de observar la maravilla y el agrado del resto del público, fue interesante y rico observar a la persona detrás de la danza en cada bailarín, y el modo a través del cual el cuerpo, como una especie mística de contenedor, dejaba fluir al personaje y al ser humano cotidiano que lo interpretaba. Así también pude observar la danza, el movimiento entre la emoción y la búsqueda de excelencia, de los posibles pensamientos de los bailarines detrás del espectáculo y de su conexión en cada pas de deux y el pas de trois.

Federico Fernández, Julieta Paul Kler, Eliana Figueroa, Ayelén Sánchez, Emanuel Abruzzo, Maximiliano Iglesias, Camila Bocca, Emilia Peredo Aguirre, Jiva Velázquez, David Gómez. Y con refuerzos de Catalina jasienovicz y Caterina Stutz, alumnas del ISA del Teatro Colón y refuerzos del Ballet Estable se presentaron en escena. Cada uno tiene con su cuerpo, sus puntos débiles y fuertes, edades, ritmos, ideas, etc. Por medio de sus características individuales demostraron una técnica de imperioso desarrollo, trabajo, esfuerzo, resolución, concentración, convirtiéndola en el rigor mismo.

Gracias a su desenvoltura en escena, la música, las luces, la conexión de los bailarines, la emoción compartida con el resto del público el espectáculo logró desenfocarme de mi cotidianidad para llevarme a otro lugar, a respirar profundo, desacelerar el ritmo diario y disfrutar.

10.04.2017 Por Fede Lotito

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