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Entrevista con Nicolás Miranda

– Contanos un poco de tu formación.

Mi formación empezó a los 17 años casi 18 cuando una amiga me invitó a acompañarla a su clase de danza, así fue mi primer acercamiento. Recuerdo que era en el centro de Formosa Capital, mi ciudad natal, en un primer piso que alquilaba en ese entonces mi primera maestra Mirtha Lima. Ese día quede muy encantado con su clase, porque además de ver moverse increíblemente a sus alumnos, pude apreciar todo el entrenamiento físico que realizaban. No me tomo mucho decidir que quería formar parte. A la semana próxima ya estaba ahí entre ellos como el nuevo discípulo, para mí fue muy fuerte porque me gustaba muchísimo lo que hacía y a su vez me costaba otro tanto porque nunca había bailado antes.

Comencé a tomar mis primeras clases de Contemporáneo, algo de Jazz y también un poquito de Tango. Yo cursaba por las mañanas el ante último año de la secundaria en un Colegio de Comercio, y mi Maestra me invito a que por las tardes pudiera reforzar sus clases en el Colegio donde ella dictaba clases el Centro Polivalente de Arte, y me costó un tiempo decidirme por la carga horaria hasta que acepté y me anoté en los talleres de danza.

Ahí conocí a cuatro bailarines que ya estaba muy avanzados y a quienes escuchaba hablar de cierta audición para una importante escuela en Buenos Aires, (claramente todos ingresaron) yo en ese tiempo ya estaba terminando la secundaria. Ellos hablaban del Taller de Danza del Teatro San Martin, llevaban muchos años preparándose en varios estudios para poder ingresar. Y fue entonces que mi maestra me aconsejó también prepararme, pero yo no tenía el tiempo que tuvieron mis compañeros; si ese año hubiera querido audicionar hubiese sido un gran error, ya que la desilusión de no poder formar parte a veces te hace dudar de lo que estás haciendo.

Decidí junto a mi familia tomarme un año sabático, por así decirlo porque de sabático no tuvo nada me pasaba tomando muchísimas clases tanto en los talleres de Danza como en estudios privados en el cual conocí a un maestro increíble Vitalij Iacolev, el enseñaba en el estudio de Teresita Donkin otra gran maestra quien me formaron también en la Danza Clásica.

Sabía que iba a ser muy difícil la audición por lo cual puse todo de mi para poder ingresar. Y llegó el día, fuimos con mi mamá muy nerviosos los dos por todo lo que significaba, mi familia tuvo que hacer un gran esfuerzo para que yo estuviera ahí, es más muchos amigos y familiares nos brindaron su ayuda. Y en mi primer intento y muy sorprendido llego a escuchar a la secretaria del Taller decirme bienvenido a la Escuela.

Fueron 4 años de un entrenamiento intenso pero súper fructíferos para mí, tuve que repetir segundo año por problemas familiares y gracias a eso pude notar un cambio en mi manera de estudiar y de bailar. Noté grandes avances que me llenaban de felicidad. En el último año me presente para una beca, y el propio Mauricio Wainrot me invito a tomar clases con la Compañía de San Martin, de nuevo era volver a estar casi 12 horas sin parar de bailar, por la mañana en el ballet y por la tarde noche en mis clases del Taller. Al recibirme me informan que me convocaban para formar parte de dicha compañía, lo cual fue el primer gran sueño cumplido para mí. Ahí estuve dos años hasta que el director decidió que no estaba preparado artísticamente para formar parte de dicho Ballet, al principio se lo creí y me sentí muy frustrado.

Tuve entonces que buscar otro trabajo, y me contactaron desde el Teatro Argentino de La Plata porque necesitaban figurantes. Fue mi primera experiencia en Óperas y estuve por tres meses hasta que se lanzó una audición para formar parte de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea, a la cual decido ir sin mucha esperanza de poder quedar pero con ganas de tener la experiencia de acercarme a conocer su trabajo.

Que grande fue mi sorpresa ese día, sin pensar que sería el seleccionado, (porque éramos muchos varones para cubrir un solo puesto, además de que venía con la devolución de Wainrot) había decidido no esperar la resolución y me volví a casa a descansar, cuando salí de la ducha encuentro muchas llamadas perdidas de un número que no conocía y un mail felicitándome por haber sido seleccionado para formar parte de la CNDC lugar en donde aún hoy día sigo trabajando como bailarín.

– ¿Cuáles son las técnicas con las que más te identificás? ¿En qué técnica no te especializás pero te gusta y por qué?

Las técnicas que más me identifican son sin dudas el Jazz contemporáneo y el Graham. Con la primera siento libertad de poder como intérprete buscar romper mis propios límites sin tener que estar sobreexigiéndome como me pasa con la Danza Clásica, por ejemplo, la cual me cuesta muchísimo. Y con el Graham, técnica que también me cuesta mucho, hubo una conexión muy fuerte después de poder pasar por el cuerpo material de Freddy Romero que nos enseñaba Inés Armas y Victoria Viberti en el Taller, como así también obras de Alvin Ailey ellas me enseñaron a bailar no solo desde alma sino también desde lo visceral y fue un punto de partida cuando comencé a sentirlo.

La técnica en la que no me especializo pero que es aún una materia pendiente muy pronto a tomar riendas sobre el asunto es el Ballroom, siempre me sentí atraído por la elegancia de sus ritmos, por la pasión, por la dedicación que conlleva aprender la técnica y toda esa energía que tienen los diversos ritmos que pueden bailarse. Para mi verlo es sumamente hipnotizante y placentero.

– ¿Cuál es tu opinión sobre la danza actual en la Argentina?

Me inquieta principalmente la perdida de la escuela, de la formación, hoy en día veo a muchos bailarines que no se dedican a estudiar, a aprender, a mejorar. Creer que con un año o dos ya uno se hace bailarín o bailarina me pone muy triste: la danza es una disciplina que lleva muchísimo tiempo y dedicación y uno nunca deja de aprender, todas las técnicas evolucionan y hay que estar en constante preparación.

Eso con respecto al estudio, y con respecto a las obras, particularmente me encuentro sorprendido con la cantidad de coreógrafos altamente preparados que tenemos en nuestro país. En la compañía en la que trabajo y en otras con las que tengo contacto, ya sean dependientes o independientes, veo un gran caudal de profesionalismo y variedad de estilos que son todos válidos y muy potentes artísticamente. Yo particularmente puedo ver la fuerte presencia de lo que me gusta llamar danza-teatro donde ya lo coreográfico no es lo más importante, sino el estado en el que un bailarín puede llegar a lograr con su danza para su interpretación. Y si bien no me considero un gran ejemplo en esta disciplina en nuestra compañía la trabajamos mucho y siento que aún me queda mucho por aprender.

Particularmente yo prefiero la coreografía el seguir una melodía, tener tiempos que seguir, lo lúdico, las líneas de los cuerpos y la variedad de las técnicas de danza contemporáneas todas conviviendo para crear una gran pieza, y si me preguntan el por qué, no sabría decirlo muy bien, sé que a muchos bailarines les parece algo ya aburrido, algo que ya se vio, pero a mi aún me llena y da mucha satisfacción al bailarlo.

– Coreografiaste Zizigia, contanos un poco del proceso y tus pensamientos sobre tu experiencia en ese rol. ¿Coreografiaste algo más?

Sizigia fué el más hermoso de mis riesgos. Todo empezó justo entre que continuaba mis últimas funciones en La Plata, en ese entonces bailando la ópera Carmen, cuando ingresé a la CNDC. Había escuchado de un concurso de Jóvenes coreógrafos de la fundación de Julio Bocca, y decidí presentarme ya que siempre tuve el deseo de vivir la experiencia como director. Los viajes por la autopista me ayudaban en esa hora a escribir bocetos de lo que podría llegar a hacer, además de escuchar la músicas posibles y de pensar en la escenografía donde los sauces que bordean la autopista, por ejemplo, tuvieron micho que ver. Verlos ahí danzando con el viento mientras yo oía canciones melodías me parecían de ensueños. Imágenes venían a mi mente e historias también las cuales escribía para usarlas en el momento del montaje.

Quería una bailarina que tenga una fuerte interpretación, como la tiene Veronica Bozzano, quien acepto con gusto formar parte. No nos conocíamos, yo la había visto en el Taller de Danza del TSM y me parecía muy hermosa, al encontrarnos la primera vez fue mágico, todo fluyo como imaginaba y mucho más. La química era evidente y pudimos lograr una gran pieza juntos la cual finalmente resultó ganadora luego de varias etapas.

Atravesaba un momento de gran cambio en mi vida y Sizigia me ayudo a poder hacer la catarsis que necesitaba para desahogarme en ese momento, como mi primer obra coreografiada resultó ser mucho más de lo que esperaba, aun hoy en día la veo y sonrío porque trasmite todo lo que en mi cabeza pude imaginar en aquellos viajes y lo disfruté muchísimo.

Después de Sizigia nuevamente sucedió que llegó a mí una nueva inspiración casi por accidente. Escuche una gran pieza de un conocidísimo músico llamado Olafur Arnalds que hizo arreglos a temas de Chopin, además ese mismo día me encontraba solo en mi casa y llovía muchísimo. Todas condiciones perfectas para sentarme a dejar que mi mente pudiera viajar nuevamente para una nueva creación.

Así empecé a trabajar en “Déjala Caer” una pieza que me quedó pendiente la cual no pude terminar. Pero sí tuve el honor de ser convocado por el reconocido coreógrafo y en ese entonces Director de la Compañia de la UnSam Oscar Araiz para poder mostrarla en funciones compartidas con dicha compañía. Resulta que trabajaba con varios de sus integrantes como ser Veronica Bozzano, Candela Rodriguez y Matias Mancilla, además también bailábamos Margarita Wolf y yo. Ellos fueron muy amables en contarles a Oscar de esta pieza que empecé a crear con ellos y de mi entusiasmo como director, fue entonces que recibí su invitación para enseñársela en San Martin, y fue mucha mi felicidad cuando nos invitó a formar parte del programa.

Yo quede sin palabras que un gran coreógrafo te felicite e incentive a seguir trabajando duro con tus convicciones, para mí ya fue muchísimo. Lastimosamente por temas de presupuesto nunca pudimos seguir trabajándola, Déjala Caer es aún una materia pendiente que cuenta con solo 15 min de duración pero la cual no descarto que en algún momento pueda terminar.

– Vimos en las redes que bailaste con Marianela Nuñez y tus publicaciones fueron muy amorosas y emotivas, ¿querés contarnos esa experiencia y lo que sentís?

Este tema me sensibiliza y mucho; si, así es, porque este sería el segundo gran sueño cumplido en mi carrera. Uno siempre tiene a su bailarín o bailarina modelo, y para mi lo es Marianela Nuñez. La conocí ni bien llegue a Buenos Aires y tuve la oportunidad de verla bailar en el teatro el Coliseo, en ese entonces yo comenzaba a bailar y estaba en la búsqueda constante de qué clase de intérprete quería ser.

Y entonces la vi, tan dulce, tranquila y a la vez suprema, quedé súper conmovido, su profesionalismo me dejó anonadado, la esperé a la salida de la función y fue muy cálida conmigo al momento de saludarme y de darme hermosos consejos para seguir mis sueños que me dejaron sin palabras. Obviamente seguí su carrera desde acá y cada vez me parecía más completa, y hablo de completa porque para mí más allá de su profesionalismo me llegaba mucho su humildad y lo excelente persona que es.

Fue este año que estaba en la Gala de festejos por el día de la Danza que me comunicaron que habría una posibilidad de poder bailar con ella. Mi corazón casi explota de felicidad en ese momento porque es lo que toda persona espera que le suceda, conocer a sus ídolos. Ya había tenido dos años antes la posibilidad de verla bailar en su gala, al año siguiente nos invitaron con la CNDC y este año era para poder acompañarla en un número especial. Yo sabía que iba a ser algo súper importante y de mucha responsabilidad bailar al lado de una artista internacional, y lo afronte así, con todo el profesionalismo que tenía para ofrecerle, dado que hay que estar al lado de Marianela, alguien que tiene brillo propio cuando sale a escena.

La emoción fue creciendo desde el día en que nos conocimos siempre nos trató como iguales, con mucho respeto y con una gran sonrisa en cada ensayo. Pude conocer esa persona que tanto admiro y tuvo gestos grandiosos conmigo y con mi familia, no sólo me dio a mi esta gran oportunidad de acompañarla sino que brindó un gran orgullo para mi familia de poder ver hasta donde me trajo hoy en día mi carrera, sobre todo después de las grandes dificultades que nos tocaron vivir a todos.

De hecho una de las fechas de las Galas coincidía con la fecha de fallecimiento de mi hermano, lo cual no fue menor para que todos estuviéramos tan sensibles, incluso mis allegados que sabían todo lo que significaba para mí poder hacerlo

Así que fue así tan hermoso y perfecto cada día, y lo viví súper intensamente disfrutando de cada segundo de esa increíble oportunidad que jamás pensé que me iba a tocar.

– ¿Cuáles son tu planes para el futuro?

No me gusta pensar mucho en el futuro, es una regla muy importante que me gusta de mí. Siento que el futuro es incierto uno no sabe lo que se viene. Me gusta muchísimo disfrutar del día a día, de dejar que la vida me sorprenda, ya sea para bien o para mal. Justo con esta última vivencia con Marianela Nuñez puedo afirmarlo y de hecho lo escribí porque me gustaba compartirlo, el haber vivido todo lo que me toco en este camino me llevó a poder estar en ese lugar, de la manera en que llegué y con las personas que elegí para que me acompañen y es lo que me llena los ojos de lágrimas a veces porque estoy orgulloso de todo lo que logré con mis 30 años recién cumplidos, y lo que más me llena es ver a toda mi gente también estar orgullosa de mi.

– Algo que quieras contarnos

La vida del artista es una gran montaña rusa de muchísima adrenalina. Desde que elegí este camino siempre supe que quería dar lo mejor de mí, que quería disfrutar de todo lo que el destino tenga preparado. Hoy no bailo sólo porque amo hacerlo sino porque descubrí que la Danza me ayudó a superar grandes obstáculos en mi vida, siempre fue mi cable a tierra. Uno de los más grandes fue perder a un hermano, pero si bien fue uno de los dolores más grandes que me tocó vivir hoy es motor para no bajar los brazos, cada vez que subo a un escenario rezo y le pido a él que salga a bailar conmigo. Julián quería ser bailarín y un tumor cerca de su cerebelo le impedía poder tener movilidad normal y equilibrio, y él era feliz cada vez que me veía todavía recuerdo su carita de felicidad y orgullo cada vez q me veía.

Todos mis logros, desde los que ya conseguí y de los que aún espero con los brazos abiertos poder recibir, siempre serán en su honor y en honor a toda mi familia y todas aquellas personas que apostaron en mí y mi carrera.

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